En la era digital, la identidad ya no se guarda en una billetera, sino en un servidor. Y aunque parezca más seguro, lo cierto es que nadie puede cambiar su huella, su rostro o su voz si terminan en manos equivocadas.
Su rostro desbloquea el celular, su huella permite acceder a su lugar de trabajo, su voz auténtica hace posible una transacción bancaria. Cada día, los datos biométricos —esas características únicas que nos identifican— se convierten en la llave maestra del mundo digital. Por el contrario, la misma tecnología que promete seguridad y comodidad, está abriendo una puerta silenciosa a nuevos riesgos de ciberseguridad. Y lo más preocupante: si esa llave se roba, no hay forma de reemplazarla.
“Si alguien roba tu contraseña, la cambias. Pero si te roban tus datos biométricos, no puedes modificarlos y es para siempre”, advierte Kaspersky, la multinacional rusa dedicada a la seguridad informática, en su más reciente informe Datos biométricos: ¿cómo protegerlos ante riesgos de ciberseguridad? La compañía señala que esta información ya se emplea a gran escala en documentos oficiales, accesos a oficinas, dispositivos móviles, pagos y servicios en línea.
A diferencia de una clave o un PIN, la biometría no puede restablecerse si se ve comprometida, lo que incrementa significativamente el riesgo de suplantación de identidad.
Un riesgo que crece a la par de la tecnología
De acuerdo con Kaspersky, los datos biométricos —como huellas dactilares, rasgos faciales, iris o voz— se han popularizado porque son convenientes y difíciles de falsificar… o eso se creía. Si bien que la empresa advierte que el 37% de los computadores usados para recopilar, procesar y almacenar información biométrica ha registrado al menos un intento de infección por malware.
Esto significa que más de un tercio de los sistemas encargados de custodiar identidades únicas han sido vulnerados o atacados. Los ciberdelincuentes, según los expertos, ya emplean técnicas de inteligencia artificial para falsificar características biométricas y eludir los controles de autenticación.
El problema es que, si esos datos se filtran, no hay vuelta atrás. La compañía explica que, una vez comprometidos, pueden utilizarse para acceder a servicios sensibles como la banca digital, los sistemas de salud o las plataformas de documentos oficiales. La víctima queda expuesta de forma permanente.
“La biometría está cambiando la manera en que validamos nuestra identidad. Hoy se usa para acceder a oficinas, y hasta para hacer pagos. Pero su adopción también plantea nuevos retos de seguridad. Por eso es entendible que más de la mitad (59%) de los colombianos tema al reconocimiento facial o los escáneres oculares; por ejemplo, para verificar identidades o usar la banca en línea”, explica María Isabel Manjarrez, investigadora de seguridad del Equipo Global de Investigación y Análisis para América Latina en Kaspersky.
Identidades bajo amenaza
Según los expertos, el 15% de los colombianos ha sufrido robo de identidad a causa del uso indebido de sus datos personales. Este tipo de incidentes refleja los riesgos asociados al manejo de la información biométrica, un conjunto de rasgos físicos únicos como las huellas dactilares, el rostro, el iris o la voz, que hacen posible verificar la identidad de las personas de manera ágil y práctica.
Estas tecnologías se han extendido con rapidez porque sustituyen o complementan los métodos tradicionales de autenticación, como las contraseñas, que suelen olvidarse o ser robadas con facilidad. No obstante, la biometría no está exenta de vulnerabilidades.
A diferencia de un código, los datos biométricos no pueden modificarse si llegan a filtrarse. Una vez comprometidos, pueden ser utilizados para suplantar identidades y acceder a servicios sensibles. En ese escenario, la seguridad no depende solo de la tecnología, sino de las personas que la administran. Por ello, la recomendación es capacitar al personal encargado de los sistemas biométricos y reducir su exposición directa a Internet, de manera que los puntos de entrada sean más limitados.
Así mismo la protección debe ser integral. Las empresas que recopilan datos de esta naturaleza tienen la obligación de implementar auditorías y pruebas periódicas para detectar puntos débiles en los controles que se hagan, ofrecer información transparente a los usuarios y mantener equipos especializados en monitoreo de amenazas.
Consejos prácticos para salvaguardar los datos biométricos
De conformidad con la multinacional, existen medidas específicas para que tanto usuarios como organizaciones reduzcan riesgos.
Para usuarios:
- Infórmese antes de compartir sus datos biométricos. Revise las políticas de privacidad y cómo se almacenan.
- Evite registrar su huella o rostro en plataformas no verificadas. Hágalo solo en sitios o servicios legítimos.
- Active la autenticación multifactor. Combine la biometría con contraseñas, códigos o aplicaciones de verificación.
- Mantenga sus dispositivos y apps actualizados. Las actualizaciones corrigen fallas que pueden ser explotadas.
- Desconfíe de apps que pidan su biometría sin explicación. Algunos fraudes se disfrazan de pruebas de identidad.
- Utilice una solución de ciberseguridad confiable. Proteja tus dispositivos contra software malicioso.
Para organizaciones:
- Minimice la exposición de sistemas biométricos a Internet. Diseñe infraestructuras cerradas.
- Capacite al personal. La formación es parte esencial de la protección.
- Realice auditorías y pruebas de seguridad periódicas. Detectar fallas a tiempo evita filtraciones mayores.
- Comunique con transparencia. Explique cómo se almacenan y utilizan los datos.
- Implemente equipos especializados e inteligencia de amenazas. Permiten detectar ataques antes de que sean críticos.
Más allá del temor: hacia una cultura de protección digital
El uso de la biometría no debe verse como una amenaza en sí misma, sino como una herramienta que requiere responsabilidad. Kaspersky plantea que crear una cultura digital informada es tan importante como invertir en tecnología. De poco sirve un sistema sofisticado si los usuarios no saben cómo resguardar su información o las empresas no explican qué hacen con ella.
En palabras de Manjarrez, el secreto está en no ceder ante el miedo, sino en exigir un entorno digital más seguro: “No se trata de temer, sino de crear un entorno digital donde tanto usuarios como organizaciones protejan adecuadamente estos datos”.
Identidad y confianza: el reto por delante
Los datos biométricos son la nueva moneda de la identidad digital. Sirven para simplificar la vida diaria, pero también exigen una confianza enorme en quienes los administran. Y aunque esa confianza se ha ganado en parte, las cifras demuestran que todavía hay brechas de conocimiento, regulación y protección.
A futuro, la pregunta no será si usamos biometría, sino cómo la protegemos. En un mundo en el que el rostro, la voz y la huella se convierten en contraseñas, la seguridad deja de ser solo un asunto técnico: es una nueva forma de ciudadanía digital.
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