El vapeador y sus riesgos
El vapeador y sus riesgos
El vapeador y sus riesgos
El cigarrillo electrónico nació como solución a un problema que el tabaco no había podido resolver. Dos décadas después, la ciencia acumula evidencia suficiente para cuestionar esa promesa.

El funcionamiento de los vapeadores, cigarrillos electrónicos o dispositivos de vapeo se caracteriza por calentar un líquido que puede contener nicotina, saborizantes, solventes y otros aditivos. No son vapor de agua, como algunos creerían. Debido a que también generan un aerosol que llega hasta los alvéolos pulmonares, los CDC —Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos— advierten que esos aerosoles pueden contener partículas finas, metales pesados, compuestos orgánicos volátiles y sustancias cancerígenas.
¿Efectos inmediatos?
El vapeo produce síntomas que muchos usuarios perciben desde las primeras sesiones de uso. Una encuesta estadounidense con cerca de 5.000 adultos, publicada en Drug and Alcohol Dependence, encontró que más de la mitad de quienes alguna vez probaron el vapeador atribuyeron al menos un síntoma a su consumo.
Los más frecuentes fueron:
- Tos con 40 %
- Irritación o sequedad de boca y garganta, en 31 %
- Mareo con 27 %
- Dolor de cabeza en 22 %
- Dificultad para respirar con 18 %
Efectos concretos sobre el corazón y el pulmón
La nicotina que ofrece el vapeador —al igual que la del cigarrillo— aumenta la frecuencia cardiaca y la presión arterial, incrementa el trabajo del miocardio, reduce la variabilidad de la frecuencia cardiaca y eleva la rigidez arterial. Estudios publicados entre 2024 y 2025 confirmaron aumentos agudos y significativos en estos parámetros tras el uso del vapeador, comparables en magnitud a los registrados con el cigarrillo convencional.
La declaración científica de la American Heart Association de 2023 ya había señalado que estos cambios, sostenidos en el tiempo, se asocian con mayor riesgo de eventos cardiovasculares. diarios pasó del 15 % al 29 % entre 2020 y 2024, y los intentos fallidos de dejarlo aumentaron del 28 % al 53 %. Para el médico, esto significa que el paciente adolescente que vapea hoy tiene más probabilidades de llegar a consulta con una dependencia consolidada que de haberlo dejado por cuenta propia.
Desde la neumología, la European Respiratory Society ha documentado inflamación de la vía aérea, alteración de la función mucociliar y mayor susceptibilidad a infecciones respiratorias en usuarios de vapeadores. El cigarrillo convencional produce daño pulmonar estructural acumulativo —enfisema, EPOC— tras décadas de exposición y, aunque el vapeador lleva menos tiempo en el mercado, los mecanismos de daño identificados hasta ahora apuntan en la misma dirección.

El cerebro adolescente, el blanco más vulnerable de la nicotina
El uso del vapeador en adolescentes plantea un riesgo que va más allá del pulmón. A diferencia del cigarrillo convencional, que históricamente se asoció a un perfil de usuario adulto, el vapeador —con sus sabores, sus diseños compactos y su presencia en redes sociales— penetró con fuerza entre jóvenes que nunca habían fumado. El problema es que el cerebro adolescente sigue en desarrollo hasta aproximadamente los 25 años y la nicotina que entrega el dispositivo interfiere en ese proceso.
Las áreas vinculadas a atención, aprendizaje, regulación emocional y control de impulsos son especialmente vulnerables.
Un estudio publicado en JAMA Network Open en 2025, con más de 115.000 estudiantes de grados octavo a doce en Estados Unidos, encontró que, aunque menos jóvenes están iniciando el vapeo, quienes sí lo hacen desarrollan una dependencia más intensa y difícil de abandonar: la proporción de vapeadores diarios pasó del 15 % al 29 % entre 2020 y 2024, y los intentos fallidos de dejarlo aumentaron del 28 % al 53 %. Para el médico, esto significa que el paciente adolescente que vapea hoy tiene más probabilidades de llegar a consulta con una dependencia consolidada que de haberlo dejado por cuenta propia.
Si quiere saber más sobre la legislación y prohibiciones de vapeadores, lea nuestro anterior artículo “Legislación de vapeadores”
La evidencia oncológica que el vapeador ya no puede esquivar
En junio de 2026, una revisión exhaustiva publicada en la revista Carcinogenesis, liderada por investigadores de la Universidad de Nueva Gales del Sur en Australia, analizó toda la investigación disponible entre 2017 y mediados de 2025 y llegó a la conclusión de que los vapeadores de nicotina probablemente causan cáncer de pulmón y de cavidad oral.
La revisión identificó carcinógenos conocidos en el aerosol, cambios en biomarcadores de cáncer en tejido pulmonar y oral, y alteraciones moleculares que preceden el desarrollo tumoral —incluyendo metilación del ADN, una forma de regulación química que modifica cómo se expresan ciertos genes—.
Un estudio de caso-control incluido en el análisis encontró que el consumo simultáneo de vapeador y cigarrillo convencional elevaba el riesgo de cáncer de pulmón cuatro veces más que el cigarrillo solo. Esto quiere decir que un paciente que vapea no está exento de riesgo oncológico y ese riesgo se multiplica si además fuma.
Una opción que puede convertirse en otra trampa
Revisiones Cochrane —organización internacional que produce revisiones sistemáticas de evidencia médica— ha encontrado que los vapeadores con nicotina pueden ayudar a algunos adultos fumadores a dejar el cigarrillo convencional durante al menos seis meses, con resultados en ciertos análisis superiores a algunas terapias de reemplazo de nicotina.
El límite es que la mayoría de quienes usan el vapeador como herramienta de cesación no abandonan la nicotina, la transfieren. El dispositivo pasa a ser la nueva fuente de dependencia, con sus propios riesgos cardiovasculares, pulmonares y oncológicos. Esto significa que el vapeador puede ser un paso dentro de un proceso de cesación, pero no el punto de llegada. Sin seguimiento activo, el hábito simplemente muta de forma.

Lo que el médico puede hacer
El vapeo debe formar parte de la historia clínica de forma tan sistemática como el consumo de tabaco. Preguntar solo «¿fuma?» deja fuera a un número creciente de pacientes que vapean y no se reconocen como fumadores, por ello es importante incluir las siguientes indicaciones:
1
Amplíe la pregunta de hábitos
La indagación debe incluir uso de vapeador, frecuencia, contenido de nicotina e intentos previos de abandono. Un paciente que vapea diariamente y ha intentado dejarlo sin éxito tiene un perfil de dependencia que cambia el plan de manejo.
2
Corrija la percepción de riesgo sin reñir
El mensaje no es de reproche sino de reencuadre: el aerosol del vapeador no es vapor de agua y tiene efectos documentados sobre el pulmón, el corazón y el riesgo oncológico. Esa información, entregada sin dramatismo, es más efectiva que la advertencia moral.
3
Diferencie perfiles y ajuste el abordaje
Un adulto fumador que usa el vapeador para dejar el cigarrillo puede ser candidato a una estrategia de cesación estructurada que lo incluya temporalmente, con meta clara de abandono total de la nicotina. Un adolescente que empezó a vapear sin haber fumado nunca requiere un abordaje orientado a cortar la dependencia desde el inicio, con participación de la familia y, si es necesario, apoyo conductual.
4
Vigile síntomas y consumo dual
Tos persistente, sibilancias, fatiga, dolor torácico, alteraciones del sueño o ansiedad pueden ser señales de exposición crónica. El consumo simultáneo de vapeador y cigarrillo convencional eleva el riesgo oncológico de forma significativa y debe explorarse activamente.
5
Plantee la cesación como proceso
La dependencia a la nicotina, independientemente del dispositivo que la entrega, requiere acompañamiento, seguimiento y, cuando corresponda, apoyo farmacológico o conductual. El objetivo no es cambiar el vapeador por el cigarrillo ni al revés, es salir de la nicotina.
Más preguntas, mejores respuestas
Veinte años después de su lanzamiento, el vapeador ya no puede tratarse como una novedad sin historia clínica propia. La evidencia acumulada sobre sus efectos cardiovasculares, pulmonares y oncológicos obliga a incorporarlo en la práctica médica con la misma seriedad con que se abordó el cigarrillo convencional en décadas anteriores. El profesional que pregunta, diferencia perfiles y acompaña el proceso de cesación está mejor equipado para enfrentar un hábito que, a diferencia del cigarrillo, llegó disfrazado de solución.
También te puede interesar: El poder del autocuidado: tomar las riendas de tu propia salud
Bibliografía
American Heart Association. (2023). Cardiopulmonary Impact of Electronic Cigarettes and Vaping Products: A Scientific Statement From the American Heart Association. Circulation, 148(8), 703–728. pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
Centers for Disease Control and Prevention. (s.f.). Health Effects of Vaping. cdc.gov
King, J. L., Reboussin, B. A., Wiseman, K. D., Ribisl, K. M., Seidenberg, A. B., Wagoner, K. G., Wolfson, M., & Sutfin, E. L. (2019). Adverse symptoms users attribute to e-cigarettes: Results from a national survey of US adults. Drug and Alcohol Dependence, 196, 9–13. doi.org
Kundu, A., Sachdeva, K., Feore, A., Sanchez, S., Sutton, M., Seth, S., Schwartz, R., & Chaiton, M. (2025). Evidence update on the cancer risk of vaping e-cigarettes: A systematic review. Tobacco Induced Diseases, 23, 6. pmc.ncbi.nlm.nih.gov
Masonbrink, A. R., et al. (2025). Trends in Daily Nicotine Vaping and Unsuccessful Quit Attempts in Youths. JAMA Network Open. jamanetwork.com
Stewart, B., et al. (2026). Nicotine e-cigarettes likely cause lung and oral cancers: A comprehensive review. Carcinogenesis. medicaldaily.com









