bullying y neurodesarrollo
bullying y neurodesarrollo
bullying y neurodesarrollo
El 2 de mayo se conmemora el “El Día Internacional contra el bullying o el acoso escolar” y es un buen momento para recordar que el acoso sistemático no es solo un problema de convivencia: es estrés social crónico en una etapa en la que el cerebro todavía está construyendo sus circuitos de regulación emocional, aprendizaje y toma de decisiones.

De acuerdo con el informe de la UNESCO titulado Detrás de los números: Poner fin a la violencia y el acoso escolares, “uno de cada tres niños experimenta ‘bullying’ o acoso escolar”. Ese mismo reporte muestra que el acoso no es solo social: se asocia con peor desempeño académico y mayor deseo de abandonar la educación formal, además de ansiedad y alteraciones del sueño.
El acoso escolar suele traducirse en un paquete conocido: somatización, consultas repetidas por síntomas inespecíficos, inasistencia escolar, irritabilidad, retraimiento o conductas disruptivas. Pero el riesgo mayor es otro: normalizar la exposición –como decir “son cosas de niños”— y perder la perspectiva para intervenir.
Lo que en muchas ocasiones no se ve del acoso escolar sistemático es lo que cambia en el cerebro. El cerebro infantil y adolescente es plástico, es decir que aprende rápido y, por eso mismo, es vulnerable a experiencias repetidas. La victimización sostenida causa un estrés social crónico que entrena a los sistemas de detección de amenaza y de respuesta al estrés.
Para entenderlo, es útil mirar cuatro piezas del circuito cerebral:
Amígdala
Detector de amenaza y saliencia emocional que se activa ante señales de peligro social y físico.
Ínsula
Integra señales corporales y participa en la red cerebral a gran escala, llamada red de saliencia, que conecta lo que siento en el cuerpo con “lo que significa”.
Estriado
Componente principal de los ganglios basales, fundamental para coordinar movimientos voluntarios, regular la memoria, la toma de decisiones y el sistema de recompensa, por lo cual participa activamente en el aprendizaje por refuerzo, hábitos, preparación de respuesta y automatización de conductas.
Corteza prefrontal
Es el freno o el sistema modulador que ayuda a regular emociones, inhibir impulsos y tomar decisiones bajo presión.

Un estudio longitudinal realizado en Europa, de gran escala, escaneó el cerebro de más de 2.000 adolescentes durante 8 años y encontró que sufrir acoso escolar altera la forma en que crecen regiones clave del cerebro (revisar recuadro). El estudio encontró que mayor victimización por bullying se asoció con trayectorias de crecimiento volumétrico acelerado en regiones como putamen, amígdala e hipocampo, y con menor crecimiento en ínsula, entre otras áreas; esto refuerza que el bullying sostenido se relaciona con neurodesarrollo de redes implicadas en emoción, estrés y aprendizaje.
Otra pieza clave viene del estudio ABCD en preadolescentes, conectó victimización sostenida con cambios en morfometría cerebral y con peor desempeño cognitivo. En esa muestra, los niños con bullying reportado por cuidadores mostraron rendimiento cognitivo inferior y diferencias en volúmenes y superficies corticales, incluyendo regiones vinculadas a memoria y procesamiento social, por ejemplo, hipocampo y fusiforme, además de cambios en áreas frontales.
Esto ayuda a entender las correlaciones un círculo clínico frecuente: el niño que presenta notas bajas o pierde interés en las actividades cotidianas, no siempre está frente a un problema primario de aprendizaje; en muchas ocasiones está frente a un entorno que mantiene su sistema nervioso en modo supervivencia. Y en modo supervivencia, aprender cuesta más.
Por otra parte, un estudio longitudinal en Frontiers in Psychology examinó la interacción entre victimización, niveles de cortisol y estructura de la corteza prefrontal ventrolateral (vlPFC), una zona vinculada a control cognitivo y regulación emocional. Se encontró que el cortisol modulaba la relación entre victimización y superficie de vlPFC (con patrones específicos por género), sugiriendo que no todos los niños responden igual: hay quienes son más “sensibles biológicamente” al estrés social.
Para el profesional de la salud, esto explica por qué dos pacientes con historias similares muestran trayectorias distintas: uno exterioriza y otro internaliza; uno hace crisis conductual y otro somatiza; uno se vuelve irritable y otro se vuelve invisible.

¿Qué puede hacer el profesional de salud en consulta?
Al recibir a un menor víctima de acoso, o a su familia, se sugieren respuestas empáticas y abiertas:
1
Valide antes de explicar:
“Lo que estás viviendo es serio y tiene impacto en tu salud. Vamos a mirarlo con cuidado.” -Este tipo de respuestas que validan, permiten bajar la vergüenza y abrir el relato.
2
Pregunte directamente por el acoso:
“¿Te molestan o te humillan repetidamente en el colegio o en grupos de chat?” “¿Hay momentos del día en que sientes miedo de estar con otros?”.
3
Ponga el bullying en el mapa de riesgo:
No minimice si se presentan síntomas o fenómenos como insomnio, dolor recurrente, crisis de pánico, caída del rendimiento, autolesiones o ideación suicida. La victimización sostenida se asocia con peores desenlaces emocionales y educativos.
4
Active las redes alrededor del menor y haga seguimiento (no basta con decir “hable con el colegio”)
- Documente en historia clínica.
- Sugiera ruta institucional (orientación escolar/psicología/trabajo social) y, si corresponde, salud mental.
- Programe control (igual que con una condición crónica): el seguimiento comunica que importa.
En el Día Internacional contra el bullying la invitación es concreta: ver el acoso como lo que es, un factor de riesgo que puede afectar el neurodesarrollo. La buena noticia es que el cerebro en desarrollo también es plástico para recuperarse por lo cual, cuando el entorno se vuelve seguro y el acompañamiento es oportuno, la trayectoria puede cambiar.
El bullying deja huella en el cerebro en desarrollo
Un estudio europeo de gran escala escaneó el cerebro de más de 2.000 adolescentes durante 8 años y encontró que sufrir acoso escolar altera la forma en que crecen regiones clave del cerebro.
2.094
adolescentes seguidos
3
escaneos cerebrales por persona
~8
años de seguimiento (14 a 22 años)
16
regiones cerebrales afectadas
Los investigadores no encontraron daño simple ni crecimiento simple: encontraron que el acoso cambia el ritmo de maduración del cerebro. Algunas regiones crecen demasiado rápido; otras, más despacio de lo esperado. Ninguna de las dos cosas es “buena”.

Crecen más rápido de lo normal
Amígdala
¿Qué hace? Detecta amenazas y activa el miedo.
Crece acelerada porque el cerebro está constantemente en alerta. No es fortaleza: es una alarma que no se apaga.
Crece acelerada porque el cerebro está constantemente en alerta. No es fortaleza: es una alarma que no se apaga.
Hipocampo
¿Qué hace? Almacena memorias y regula el estrés..
Crece acelerada porque el cerebro está constantemente en alerta. No es fortaleza: es una alarma que no se apaga.
Crece acelerada porque el cerebro está constantemente en alerta. No es fortaleza: es una alarma que no se apaga.
Putamen y estriado
¿Qué hace? Controla hábitos, recompensa y alerta social.
Crece acelerada porque el cerebro está constantemente en alerta. No es fortaleza: es una alarma que no se apaga.
Crece acelerada porque el cerebro está constantemente en alerta. No es fortaleza: es una alarma que no se apaga.
Crecen más lento de lo normal
Ínsula
¿Qué hace? Conecta las emociones con las sensaciones del cuerpo.
Su desarrollo más lento se asocia con dificultades para leer el propio estado emocional y para calmarse ante situaciones difíciles.
Su desarrollo más lento se asocia con dificultades para leer el propio estado emocional y para calmarse ante situaciones difíciles.
Corteza entorrinal
¿Qué hace? Ayuda a procesar recuerdos y reconocer contextos.
Un menor crecimiento puede afectar cómo el cerebro distingue entre situaciones peligrosas y situaciones seguras.
Un menor crecimiento puede afectar cómo el cerebro distingue entre situaciones peligrosas y situaciones seguras.
Cerebelo
¿Qué hace? Coordina movimiento y también procesa el aprendizaje social.
Investigaciones recientes lo vinculan con la cognición social. Su menor desarrollo podría influir en cómo se interactúa con los demás.
Investigaciones recientes lo vinculan con la cognición social. Su menor desarrollo podría influir en cómo se interactúa con los demás.
Para entender bien esto
En el cerebro adolescente, “más grande” no significa “más fuerte” ni “más pequeño” significa “dañado”. Lo que el bullying altera es el ritmo de maduración durante una ventana crítica del desarrollo: algunas regiones maduran por exceso de estrés, otras no reciben los estímulos sociales sanos que necesitan para crecer. El resultado no es un cerebro “diferente”, sino un cerebro que adaptó su crecimiento al entorno difícil que tuvo que vivir.
Fuente
Connaughton, M., Mitchell, O., Cullen, E., O’Connor, M., Banaschewski, T., Barker, G. J., Bokde, A. L. W., Brühl, R., Desrivières, S., Flor, H., Garavan, H., Gowland, P., Grigis, A., Heinz, A., Lemaitre, H., Martinot, J.-L., Paillère Martinot, M.-L., et al. (2026). Bullying victimization and brain development: a longitudinal structural magnetic resonance imaging study from adolescence to early adulthood. Translational Psychiatry, 16, artículo 04010. https://doi.org/10.1038/s41398-026-04010-9
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Bibliografía
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Instituto Interamericano del Niño, la Niña y Adolescentes (OEA). May 2nd “International day against bullying” (2020).
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UNESCO. International Day against Violence and Bullying at School… (first Thursday of November).
unesco.org
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