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Abordar el cancer:  La relación médico – paciente – familia

En la triada médico-paciente-familia, el enfermo de cáncer es el centro de atención.

En la triada médico-paciente-familia, el enfermo de cáncer es el centro de atención. La prioridad se precisa desde el momento del diagnóstico con una comunicación clara y directa, clave para determinar el tipo de relación que se establecerá hasta el desenlace. Esto es lo que debe saber.

En la triada médico-paciente-familia, el enfermo de cáncer es el centro de atención.
Fotos © 2026 - SHUTTERSTOCKPHOTOS

“El tratamiento de una enfermedad debe ser totalmente impersonal, y el cuidado del paciente totalmente personal” (Sánchez GJM, Rivera CAE, Hernández GLE. La relación médico-paciente y la comunicación deben estar asociados a la ética Médica, 8 – Revista Calimes 2002, pp 21-87).

Cuando un enfermo llega a un centro oncológico entran en juego una serie de variantes de atención; desde proporcionar el servicio al paciente, asignar el hospital adecuado para el nivel de complejidad de la enfermedad, corroborar el examen, decidir el tratamiento ideal, apoyarlo en la adquisición de los medicamentos para su tratamiento, hasta ayudarlo a encontrar un lugar para que pase la noche o algo que pueda comer.

Esto incluye designar el grupo interdisciplinario de profesionales de la salud, quienes están al tanto de su seguimiento y participan de manera dinámica con el fin de proporcionar al paciente una atención integral para su recuperación o paliación. Sin embargo, un factor esencial, pero descuidado es el vínculo que se establece con el paciente y la familia a lo largo del proceso salud-enfermedad, refiriéndonos a la interacción entre el médico, el paciente y la familia.

La experiencia clínica muestra que el diagnóstico de cáncer, el tratamiento y los controles posteriores, suelen afectar en distinto grado la calidad de vida y el bienestar psicológico del paciente y su familia (tanto física como emocional y socialmente). Un proceso descrito por los pacientes como largo, doloroso y difícil de vivir.

Pese a ello, la experiencia multi, inter y transdisciplinaria permite decir que, en muchos de los casos, el pronóstico de cáncer no es una sentencia de muerte. Médicos oncólogos, cirujanos oncólogos, patólogos, enfermeras, radiooncólogos, psicooncólogos, psiquiatras, nutriólogos, trabajadoras sociales, voluntariado, entre otros, son quienes con sus habilidades en sus áreas de formación logran el bienestar físico, emocional y social del paciente con cáncer y contribuyen al éxito del tratamiento.

No obstante, en esta ocasión se considera una tarea relevante revisar la pertinencia de la relación médico-paciente-familia en padecimientos oncológicos. En cuanto al médico, se verá reflejado en la satisfacción que este pueda tener tanto profesional como personalmente. Respecto del paciente y la familia, el estado emocional y forma como enfrenten la enfermedad, se especificará en gran medida con base en la interacción con el médico. Pues este último, brinda una guía al enfermo y a su familia sobre la evolución física en relación con la enfermedad.

Humanización con los seres queridos

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Cancerología (INC) hablar de este padecimiento con una familia es ingresar en un territorio donde la biología se entrelaza con la existencia. No basta el dato clínico, la enfermedad es un acontecimiento que pone al ser humano frente a su propia finitud y a la posibilidad de sentido para su vida. Una ética del cuidado que reconoce y comprende a la persona -SER- paciente y a sus seres queridos como sujetos de dignidad, es lo que promulga el INC en su política institucional de humanización.

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¿Cómo abordar el tema con la familia del cáncer?

Al comunicar un diagnóstico, no se trata de negar el dolor, sino de darle un cauce simbólico que lo haga soportable. Para el doctor Julio Alberto Burbano Barrera, líder del Programa de Humanización Instituto Nacional de Cancerología, “el paciente no es un soldado ni un culpable, sino un ser humano que merece claridad y respeto. Hablar del cáncer con la familia, es reconocer una herida compartida y la posibilidad de hacer de ella un camino de cuidado y de transformación conjunta”.

Según el especialista, la relación del personal de salud con las familias no se reduce a la transmisión de datos, sino a la construcción de confianza. “El historiador francés Philippe Ariès mostró cómo la modernidad desplazó la muerte al margen de lo social, volviéndola casi un tabú. El cáncer reactualiza ese tabú, y la humanización exige devolver la posibilidad de hablarlo sin rodeos. Ernst Jünger, filósofo alemán, al reflexionar sobre el dolor, subrayaba que enfrentarlo con entereza no significa resignación, sino un modo de dignidad. En este horizonte, el personal de salud encarna un rol semejante: acompañar con firmeza serena, sin prometer lo imposible, pero sin abandonar nunca”, asegura.

¿Cómo abordar el tema en la práctica?

La relación del equipo de salud con la familia debe ser un encuentro que expanda, que no robe fuerzas, sino que genere confianza. Así, la palabra médica debe informar con claridad, pero también callar a tiempo para permitir que el silencio sea hospitalario y afable.

“En suma, el encuentro entre médico-paciente-familia, se convierte en un acto de hospitalidad: una verdad dicha con compasión, un acompañamiento que no abandona, un horizonte de cuidado compartido. En ello radica la verdadera humanización: en convertir la herida en vínculo y la palabra en compañía”, concluye el doctor Burbano.

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Relacion médico-paciente-familia

En una revisión de la literatura médica realizada por la Facultad de Psicología, de la Universidad Nacional Autónoma de México respecto a la definición, modelos e importancia de la relación médico-paciente-familia en padecimientos oncológicos se explicó que varios modelos de relacionamiento. Así como, algunos elementos básicos en la comunicación que concretarán el tipo de relación que se establece entre el profesional de la salud, el paciente y la familia.

Aseguran que “la mejor relación médico-paciente-familia, es aquella enfocada en el enfermo. La atención centrada en el paciente debe ser congruente y sensible a las necesidades y preferencias de este para reconocerlo como una persona autónoma, capaz de decidir cómo quiere vivir el proceso de enfermedad y en su caso, el de morir”.

Para ello consideran que es primordial:

De acuerdo con la experiencia clínica, el paciente con cáncer considera la relación con el médico como un factor decisivo en la facilitación u obstaculización de la adaptación a la enfermedad.

Algunas dificultades

Ahora bien, es posible observar dificultades específicas entre el médico y el paciente y/o la familia, que entorpecen la comunicación entre ellos.

Esto puede llevar a:

¿Qué hacer desde la práctica médica?

Entablar empatía y verbalizar los miedos e ideas sobre la enfermedad y el tratamiento
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Consideraciones

Debido al acceso que tienen los pacientes a las nuevas tecnologías de la información, el papel del enfermo ha pasado de una actitud pasiva a una relación más diligente con el médico, convirtiéndose en un modelo de comunicación compartido y de participación conjunta. Ahora, el paciente también es quien decide después de que el médico le ha explicado las distintas opciones.

La relación con el paciente debe basarse en la confianza, el respeto, el conocimiento mutuo y el reconocimiento de las ventajas, que para ambos supone trabajar de forma colaborativa, pues esto permitirá dar un diagnóstico y tratamiento precisos. El médico aporta sus conocimientos técnicos y el paciente, su propia experiencia.

La recopilación de literatura hecha por los médicos mexicanos también refiere que los pacientes valoran positivamente en la relación con el médico, que:

La buena clínica exige el conocimiento de la enfermedad y del padecer, es decir, a la persona enferma, considerada como entidad biopsicosocial. En otras palabras, es indispensable conocer al ser humano que se encuentra detrás de los síntomas y signos, y el rol del médico es el de ser y estar disponible y preparado en la curación o paliación y el cuidado afectivo.

En palabras de Manjarrez, el secreto está en no ceder ante el miedo, sino en exigir un entorno digital más seguro: “No se trata de temer, sino de crear un entorno digital donde tanto usuarios como organizaciones protejan adecuadamente estos datos”.

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Bibliografía

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